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Bajo la
presión del descontento por la desigualdad social y la conducción de la
CUT, el movimiento sindical chileno, luego de muchos años, comienza a
mostrar algunos síntomas de recuperación. Y la Federación Nacional de
Trabajadores Portuarios de Chile, orgullosamente fiel a su historia,
puede afirmar que está siendo parte protagónica en la reconstrucción de
este actor social en la sociedad chilena.
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Así,
los frustrados intentos por privatizar las operaciones de los puertos
estatales de Talcahuano y Coquimbo, son el fruto directo de la política
y la acción sindical ejecutada por esta organización para construir
argumentos sólidos, darlos a conocer a la comunidad y manifestar
públicamente, desde los Sindicatos Bases y organizaciones aliadas,
nuestra opinión sobre los procesos de licitación de concesiones.
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En el caso de
Talcahuano, no sólo debió renunciar un directorio encabezado por un
economista contratado por el SEP como parte del “Grupo de Expertos” que
lo asesora en estas materias, sino que, por primera vez en los 17 años
de Gobiernos de la Concertación se debió dejar sin efecto una
privatización con bases vendidas.
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Para
dimensionar esta decisión baste remitir al episodio de la Privatización
de ESBBIOS donde un multitudinario plebiscito regional no fue
considerado por Lagos, quién argumentó que más allá de todo debía
salvaguardarse la seriedad internacional del estado de Chile para con
sus obligaciones con los inversionistas. Los tiempos empiezan a cambiar
y el Gobierno de Bachellet ha resuelto salvaguardar en primer lugar el
interés portuario nacional, el de la comuna, de las pymes y el de los
trabajadores y sus familias.
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En
el caso de Coquimbo, la suspensión de la licitación hasta que el recién
creado “Panel de Expertos” emita una opinión, es un logro político
construido sobre una red de alianzas locales, regionales y nacionales
que permite mirar con cierto optimismo el resultado del debate sobre el
futuro del puerto. Doblemente importante, por cuanto, se produce aún con
el rechazo del principal sindicato de estibadores del puerto a esta
postergación, organización que busca la concesión como la única puerta
por la cual conseguir beneficios estatales de desvinculación para sus
socios.
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Las denuncias
de simulación de trabajo subcontratado realizadas por nuestra
organización ante la Autoridad del Trabajo, han sido todas acogidas a
tramitación y refrendadas en sendas multas aplicadas por la Dirección
Regional del Trabajo respectiva a las Empresas Portuarias de Valparaíso,
San Antonio, Talcahuano y Punta Arenas.
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Sin embargo,
nos hemos encontrado con empresas que prefieren dilatar la discusión de
fondo que no es otra que la condición de los trabajadores subcontratados
en las empresas del estado y han optado por recurrir de protección, con
dispar suerte, a fin de anular por supuesta incompetencia la actuación
de la Autoridad del Trabajo, en vez de derechamente discutir en los
tribunales si hay o no trabajo dependiente simulado en la forma de una
supuesta simulación.
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La
inoperancia del Gobierno para exigir de las empresas estatales el
cumplimiento irrestricto de la ley 20.123 queda en absoluta evidencia en
este caso y en nada cuestiona nuestro deber de velar por el cumplimiento
de las leyes laborales vigentes.
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En este
contexto, el puerto de Valparaíso debió enfrentar dos cambios
estructurales relevantes:
a)
La aprobación de
un nuevo estudio de seguridad por la Armada, que permite a la empresa
cubrir esta necesidad con guardias privados;
b)
La entrega a
operación privada del ZEAL.
A partir de
estos hechos la empresa comunicó el despido de más de 45 trabajadores que
servían esas funciones. Nuestra Federación, representada por su
Presidente, Secretario General y directores nacionales, participó
activamente de la negociación de las condiciones sociales y económicas de
la desvinculación de los trabajadores.
Adjunto a este
informe se acompaña copia del Acuerdo citado. Afirmamos que estas
condiciones aún cuando son las más amplias en la era de las empresas
portuarias creadas por la ley 19.542, pueden y deben ser mejoradas en las
próximas negociaciones que puedan suscitarse en las diversas empresas
portuarias, según las condiciones particulares que las rodeen. Este
Acuerdo es simplemente el nuevo piso a considerar en toda posterior
discusión sobre desvinculación de trabajadores.
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El
SEP ha anunciado la creación de un “Panel de Expertos” para debatir el
futuro portuario de Chile. Nuestra organización y seguramente muchas
otras debe ser considerada en este espacio en el cual plantearemos
nuestras opiniones que en términos generales podemos resumir así:
En el curso de
este debate hemos logrado instalar una serie de opiniones relevantes como
posturas principales del mundo sindical frente a la privatización de las
operaciones (concesión) de los puertos estatales, a saber:
a)
La inversión
privada debe ser significativa. Esto es muy superior a lo que podría hacer
la empresa estatal por medios propios.
b)
Fomentar la
libre competencia y evitar el dúo polio que se está produciendo en la
propiedad de los terminales estatales concesionados.
c)
Es sabido que la
concentración económica es la otra cara de la mala distribución del
ingreso, por lo que el diseño de la licitación debe contemplar a las pymes
y a los trabajadores, de modo que los beneficios al comercio exterior
lleguen a todos.
d)
Antes de lanzar
la venta de bases de una licitación debe planificarse un nuevo modelo de
cobertura social para los trabajadores (estatales y privados) afectados
por la modernización portuaria impulsada por el estado. Modelo más
eficiente y más transparente que las redes sociales de procesos
anteriores.
e)
Conciliar el
interés privado (que lo hay) por quedarse con la operación de los puertos
de carga general del estado, con el proyecto de desarrollo estratégico
regional y las estrategias de desarrollo portuario, con los planes
reguladores de las ciudades puerto.
f)
La concesión de
puertos estatales debe obedecer una política portuaria nacional, definido
en pos del bien común por los órganos competentes del estado y en el
contexto de una regulación de la actividad (ley de puertos) y una
institucionalidad portuaria (Subsecretaría, Superintendencia) de las que
hoy el país carece.
